Panorama Cajamarquino

Mucho ruido y pocas nueces

Nuestras autoridades se quejan, con frecuencia, de que los aciertos de sus respectivas gestiones no son comprendidos o apreciados por la población porque no han sabido comunicarlos. En los últimos tiempos, escuchando o leyendo algunas de las propuestas de las autoridades del gobierno, se comprende que eso es verdad. Sea cual fuere el proyecto, la población no es consciente de sus beneficios porque el lenguaje que emplean sus voceros está –casi siempre– lleno de lugares comunes.

Los lugares comunes son aquellas frases que no tienen un significado específico, que empobrecen el lenguaje y se usan en cualquier situación.

Las autoridades deberían dirigirse a la población con ofrecimientos concretos, con fechas límite de realización de determinadas obras o de obtención de logros específicos para que al ver terminados esos plazos, se compruebe que sí se trabajó y se cumplieron las promesas. Mejor aún si estos ofrecimientos están relacionados con la economía del país, con la mejora de los servicios de salud, con logros educativos, de exportaciones o del recorte de gastos inútiles porque su impacto será inmediato y tendrán respaldo.

Habría que tener en cuenta que debido a que no todos poseen niveles de educación similares, lo que las autoridades dicen o proponen puede tener una interpretación diferente en cada sector de la población y esto, a su vez, generar expectativas distintas.

En el caso de las personas que viven en extrema pobreza, si se les ofrece trabajar por el bien del pueblo y mejorar la vida de los peruanos, quizá aspiren a recibir mayor ayuda social, a tener más o mejores comedores populares, o a recibir una subvención monetaria.

En el caso de la clase media, la aspiración quizá pase por obtener una mejor remuneración o movilizarse con mayor comodidad para ir al trabajo. También que la posibilidad de obtener un préstamo para el carro o la vivienda sea mayor. En el caso de las personas con ingresos más elevados, la expectativa de mejora podría circunscribirse a obtener mayores beneficios para sus empresas o en sus inversiones bursátiles.

 

Pero más allá de las expectativas, que son válidas, la claridad del mensaje es clave. En el tema de la corrupción, tan mencionado en estos tiempos, y de los gastos excesivos que se hacen en algunas dependencias estatales, las autoridades actuales han sido más claras y se ha explicado las medidas específicas que se están tomando para mejorar la situación.

Acciones como esta deberían repetirse cuando se hable de otros temas, para que la población sepa exactamente qué es lo que sus autoridades hace por ella. Quizá así la labor gubernamental sea mejor comprendida y apreciada.