Panorama Cajamarquino

EDITORIAL: Violencia y algo más

Uno de los principales problemas de nuestra sociedad es la salud mental, un asunto que incluso antecede a la seguridad ciudadana, puesto que –al menos en teoría– un país sano está exento de delincuentes, asesinos, acosadores y, lógicamente, psicópatas. El clima de violencia que se respira todos los días empieza desde muy temprano con la incómoda sensación de viajar en un ómnibus donde el chofer evidencia insensibilidad total con sus pasajeros.

Esa violencia se ve reforzada con un tráfico donde cada conductor lucha por llegar a su destino, no tiene ningún reparo en transgredir cualquier señal de tránsito y, mucho menos, tampoco conoce la sensibilidad necesaria para respetar a un ocasional peatón.

Visto así el panorama, la salud mental se ve seriamente afectada. Y, por eso, el primer síntoma de cualquier ciudadano es la tensión, conducta que tiene su raíz en la convivencia diaria: vivir en un ambiente perturbador genera esa profunda incomodidad de no encontrar una solución inmediata. Otros, más proclives al descontrol en el manejo de sus emociones, optan por la desesperación; y los más entusiastas recurren a la resignación, como una vía de escape para alejarse de los problemas.

En estas condiciones, la psicopatía encuentra adherentes, sobre todo entre jóvenes carentes de afecto, provenientes de familias disfuncionales o parejas que pasan muchas horas en el trabajo mientras sus hijos se quedan solos hasta tarde.

Aunque suene terrible, ser un desequilibrado y potencial psicópata es “casi normal” en un país donde el Estado invierte muy poco en salud mental. Por ello, la mejor manera de solucionar un conflicto en la calle es la indiferencia o el silencio porque el ciudadano normal, de a pie, se apoya en el refrán popular que reza “Calladito te ves más bonito”.

En cambio, es alentador que a la par que nuestro país participa en el Mundial de Rusia, la Federación Peruana de Fútbol y empresas privadas promuevan campañas para iniciar una nueva actitud para integrarnos como peruanos y alcanzar objetivos comunes. Esto, sin duda, es un buen aliciente para contribuir a una nueva forma de ver a nuestros semejantes con el ánimo de corregir posturas, sembrar valores y también para celebrar los méritos, de la misma forma en que lo hizo la selección peruana para llevarnos a un mundial de fútbol después de 36 años.

Si todos jugamos el mismo partido y promovemos valores en todos los espacios –principalmente en los medios de comunicación–, la salud mental habrá cosechado gente de bien y las interrelaciones personales serán más fructíferas y, de seguro, habrá menos violencia y machismo en el pan nuestro de cada día.