Panorama Cajamarquino

Lo que han hecho los países por la salud mental

Presentamos un resumen de los hallazgos más reveladores de la Organización Mundial de la Salud en materia de políticas públicas para lidiar con los problemas de salud mental en el mundo, según están actualizados en el Altas de Salud Mental 2017 publicado hace unos días y aún no disponible en español.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) acaba de hacer públicos los resultados del Altas de Salud Mental 2017 en su versión en inglés. Es la última edición de una serie que pretende medir los avances en las políticas públicas que atañen a la salud mental, emprendidas por los países miembro de las OMS. Las anteriores se publicaron en 2005, 2011 y 2014.

La idea es que esta información vaya midiendo el cumplimiento de los países con respecto a un plan de acción global para “cambiar las actitudes que perpetúan el estigma y la discriminación que han aislado a las personas [con problemas de salud mental] desde tiempos ancestrales. Hace un llamado a expandir los servicios para promover más eficiencia en el uso de recursos”, llamado el Comprehensive Mental Health Action Plan 2013-2020.

En este sentido, el Atlas que se publicó hace un par de semanas con información recabada el año pasado, mide los avances de los países que pertenecen a la OMS (el 97% de la población mundial según la propia institución) en relación a cuatro ejes. 1. Liderazgo y gobernanza en materia de salud mental (políticas y legislaciones nacionales específicas para atajar el tema); 2. Proporcionar en el ámbito comunitario servicios de asistencia social y de salud mental completos; 3. Aplicar estrategias de promoción y prevención en materia de salud mental y 4. Reforzar los sistemas de información, los datos científicos y las investigaciones sobre salud mental.

La información contenida en esta publicación es interesante porque revela el concepto que tiene la OMS de la salud mental y lo que ésta considera que hay que priorizar en el campo a nivel mundial (uno de sus preceptos, por ejemplo, es que cada dólar invertido en mejorar los tratamientos para la ansiedad y la depresión regresan en cuatro dólares, dada “la mayor habilidad de las personas para trabajar”). El documento señala ciertos atisbos de acciones y algunos datos que sería imposible conocer de otra manera y que son muy valiosos para seguir estudiando estos temas. Esto, incluso pese a las limitantes propias de ver el panorama en términos regionales, sin consideración con las realidades locales específicas y el hecho de que no todos los países-miembro respondieran los cuestionarios. Aquí lo que nos ha parecido más interesante:

Planes y legislaciones

• El 40% de los países que respondieron el cuestionario de la OMS para el Altas ha actualizado la legislación relativa a la salud mental en los últimos cinco años, pero el mayor porcentaje de países que lo ha hecho está en Europa.

• El 17% de los países que respondieron no han incluido datos sobre la salud mental en sus reportes para la creación de políticas públicas o propósitos de planeación y administración.

• Sólo 58 países aseguran tener la información completa en cuanto a la edad, el género y el diagnóstico de quienes han ocupado camas en hospitales o pabellones psiquiátricos, lo cual, dice la OMS: “podría explicar la poca información que hay sobre cómo se relacionan los diagnósticos específicos con el uso de los servicios”.

• Sólo 35 países aseguran tener un plan o estrategia para la salud mental adolescente.

 

Derechos humanos

• Menos de la mitad de los 139 países que han creado planes y políticas de salud mental los han ajustado a las convenciones de derechos humanos que existen. En particular con lo relativo a transitar de los hospitales psiquiátricos a servicios basados en la comunidad e incluir a las personas con diagnósticos psiquiátricos en las decisiones que les conciernen.

• En comparación al estudio de 2014, se avanzó en todos los rubros relacionados con transitar hacia servicios comunitarios de salud mental: atención a los derechos humanos de las personas con enfermedades mentales, servicios y apoyos para que los pacientes vivan en la comunidad, acercamiento al cuidado de la salud mental con énfasis en la recuperación, promoción de participación de las personas en su propia salud mental. En el que menos se avanzó, sin embargo, fue en el relativo a la atención explícita a los derechos humanos de las personas con diagnósticos psiquiátricos.

• En más de ochenta países no existe (o no funciona) una autoridad dedicada o un cuerpo independiente para evaluar el cumplimiento de la legislación en materia de salud mental con los derechos humanos internacionales.

• Los países que reportan que han destinado recursos (humanos o financieros) para cumplir con sus políticas o planes para la salud mental son: un 70% de los países de ingreso alto contra un 21% de los países de ingreso bajo.

• Con respecto a 2014, en lo que menos se avanzó, es en la legislación que provee inspecciones regulares, a cargo de un independiente, al estado de los derechos humanos en las facilidades para tratar la salud mental.

• El porcentaje de admisiones involuntarias a hospitales psiquiátricos es del 40%.

 

Recursos reales

• Los niveles de gasto público para la salud mental en países de ingreso medio y bajo son muy escuetos y más del 80% de éstos se destina a hospitales psiquiátricos (y no a servicios comunitarios).

• En países de ingreso bajo, la cantidad de trabajadores de la salud mental puede ser tan baja como de 2 trabajadores por cada 100 000 habitantes.

• La fuerza laboral más grande dedicada a la salud mental en todo el mundo son las enfermeras (no los psiquiatras, médicos generales, psicólogos o terapeutas).

• Se les pidió a los países identificar si existe colaboración recurrente entre los servicios de salud del gobierno y otros departamentos, servicios y sectores (comunitarios, espirituales, religiosos, etc). El grupo que ha establecido estas colaboraciones de manera más formal ha sido el de los países de ingreso bajo-medio.

• El servicio al que menos se recurrió para colaborar formalmente fue el de “curanderos tradicionales/indígenas”, seguido de los medios, del sector de empleo y del sector de vivienda.

• La disponibilidad de servicios ambulatorios en países de ingreso alto es tres veces mayor que en países de ingreso bajo.

• La disponibilidad de apoyo social (recursos monetarios o no, para sobrellevar mejor una condición médica) que el gobierno provee a personas con diagnósticos psiquiátricos depende del nivel de ingreso. El 96% de los países de ingreso alto reciben apoyo social, contra el 14% en países de ingreso medio y bajo.

Fuente: Nexos-México