Panorama Cajamarquino

13 de julio: La Batalla de San Pablo

Por Julio Sarmiento Gutiérrez

EN LA MAÑANA DEL 13 DE JULIO…
El Jefe de Estado Mayor ordenó al Coronel Justiniano Borgoño, que dispusiera el avance y ataque al ejército chileno. En la madrugada de 13 de julio de 1882 las tropas peruanas, dejando “La Capellanía”, se dirigieron a San Pablo. Los invasores conociendo el movimiento de nuestras tropas se habían adelantado, posesionándose de los lugares denominados “El Panteón” y “Batan”, puntos elevados y estratégicos y que los colocaba en situación de ventaja frente a los nuestros
Avanzaba a la vanguardia de nuestros efectivos la “Columna de Honor”, cuando en el momento más inesperado, los chilenos abrieron fuego y atacaron a mansalva a este grupo de valientes. Esta columna fue prácticamente diezmada, muriendo en la acción el Coronel Eudocio Ravines, su ayudante Teniente Gregorio Pita, José Manuel y Quiroz, Enrique Villanueva, Manuel Villavicencio, Romualdo Silva, César Pizarrello, Juan Quiroz, Eugenio, Novieno, José Cabello y otros, totalizando 35 combatientes.
Eran las 6.30 de la mañana en que se inició esta batalla, en la que los peruanos lucharon con denuedo, heroísmo y arrojo. En un primer momento se consiguió dominar al enemigo, pero frente a la superioridad numérica, armamento y posiciones estratégicas, ganaron nuevamente terreno. Se tuvo entonces que ordenar el repliegue, hacia el lugar denominado “’La Laguna”, después de hora y de heroica resistencia. Los chilenos no permitieron una retirada ordenada y remataron con su caballería, cometiendo una serie de excesos con los heridos, produciéndose esa hórrida escena, llamada “el repase”. Se mutilaban a los heridos de la forma más execrable. Sir Clements Markham, al referirse a estos actos, expresa que “estaban en absoluta pugna con los usos bélicos de las naciones civilizadas”. Contrastaban, pues, sus acciones con la caballerosidad de Grau al rescatar los náufragos chilenos de la “Esmeralda” y la de los vencedores de “San Pablo”, con los derrotados araucanos. Carvallo Orrego, refiere en su memoria que al llegar a Cajamarca (8 de agosto de 1882), encontró en el hospital “al Mayor Salgado y 11 heridos del combate de San Pablo”. Para nosotros no existirá nunca ese baldón de asesinar heridos y prisioneros de guerra.
LA VICTORIA

Cuando los chilenos se encontraban ultimando a los heridos y prisioneros peruanos, la Segunda División comandada por el Coronel Callirgos Quiroga, después de una travesía muy accidentada, que los retrasó, llegó a las alturas del cerro “El Cardón”. El primer Tiro de cañón fue muy efectivo y causó estragos en el ejército chileno. Inmediatamente actuando con celeridad y simpar arrojo, descendieron la Columna “Naval”, el Escuadrón “Vengadores de Cajamarca” y el Batallón “Trujillo Nº 1”, causando desconcierto en el enemigo. El empuje de nuestras fuerzas fue tal que el enemigo se replegó, desocupando San Pablo y batiéndose en retirada en forma desordenada, dejando en el campo de batalla, armas, parque, ambulancia y caballos. Tomaron el camino de San Luis y Chilete en su fuga desesperada hacia Pacasmayo. Habían sido derrotados. Habían mordido el polvo de la derrota.
Eran las 10 y 30 de la mañana y esta batalla llegó a su cenital culminación. Una hora más tarde, se izaba nuestro Pabellón Nacional en la Plaza de San Pablo.

“LOS HÉROES NACEN CUANDO MUEREN”
Cuando se pasó revista a la tropa 251 combatientes no la contestaron. En el campo de batalla con sus cuerpos cercenados, víctimas de la alevosía del araucano, se encontraban el Coronel Eudocio Ravines, el Teniente Gregorio Pita envuelto en el Pabellón Nacional, Tnte. José Manuel Quiroz, Sub-Teniente Enrique Villanueva.
La Historia reconoce en estos sanramoninos caídos heroicamente, no sólo el valor del gesto ejemplar, sino el acerto de las frases del juramento que hicieran en los viejos claustros de la Recoleta.
El Teniente Néstor Batanero Infantas, quien al frente de 7 soldados supo contener a un pelotón de chilenos, su cuerpo estaba de de pie apoyado en su rifle. Estaba muerto, pero aún así con su posición enhiesta desafiaba al adversario.
En el momento del recojo de los cadáveres se encontraban yacentes ex alumnos, profesores y ciudadanos cajamarquinos:

Teniente: Manuel Villavicencio: Ex alumno y maestro sanramonino.
Teniente: Romualdo Silva: Ex alumno.
Teniente Manuel Palacios: Ex alumno. 25 años de edad.
Teniente José Manuel Resurrección Novoa. 26 años.
Teniente José Cabellos. 24 años.
Teniente Francisco Murga. 21 años.
Teniente José Gaspar Quiroz. 20 años.
Sub, Tnte. Lorenzo Valera. 25 años.
Sub Tnte. Ruperto Cabanillas, 25 años.
Sub. Tnte. José M. Portal. 25 años.
Sub. Tnte. Manuel María Zafra. 24 años.
Sub Tnte. Manuel Ramírez. 23 años,
Sub Tnte. José de la Cruz Cépeda. 24 años.
Teniente Coronel Julián Cruzado.
Capitanes: César Pizarello, Juan Quiroz, Eugenio Movieno, Manuel Bahamonde Naveda, Pedro Vargas, Fernando Cáceres.
Tenientes:Clemente Ravines, Tomás Pizarro, Ubaldo Sánchez, José A. Rodríguez, Manuel Pizarro, Alberto Gómez, Arístides del Carpio, José Manuel Montero, Sub – Tenientes Toribio Posadas, Eloy Hernández, Juan Miguel Soriano, José Briones, Felipe Matute, Manuel Arroyo, Vicente Linares, José Zafra, Juan Pío Marreros, Luis Sánchez, Manuel Deza y otros héroes, los que deben constituir para la juventud presente un permanente ejemplo, porque como expresa Payot:
¨Hay en efecto muertos que están a la vez más vivos y más capaces para transmitir la vida que los mismos vivos¨

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