Panorama Cajamarquino

EDITORIAL | Si compras, eres cómplice

Por su alta diversidad biológica, el Perú es considerado uno de los 17 países megadiversos del mundo, los que juntos tienen alrededor del 70% de especies del planeta.

El Perú ocupa el segundo lugar en diversidad de aves; quinto lugar en diversidad de mamíferos, con 515 especies; quinto lugar en reptiles, con 418 especies; cuarto lugar en anfibios, con 449 especies, y alberga más de 2,300 especies de peces en los ecosistemas marinos y continentales.

No obstante, toda esta riqueza es amenazada por el comercio ilegal de animales silvestres.

En el mundo, este tipo de tráfico mueve alrededor de 3,000 millones de dólares y es el cuarto negocio ilegal más lucrativo, después del narcotráfico, el tráfico de personas y la falsificación de productos.

Más de 300 especies de animales silvestres del Perú son objeto de tráfico ilegal; 57 de ellas están en alguna categoría de amenaza, según la legislación nacional. Entre estas figuran el cóndor andino, el guacamayo escarlata, pihuichos o monos, como el choro de cola amarilla, el huapo colorado o el mono ardilla.

Reportes de Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (Serfor), entre el 2000 y el 2017, revelan que fueron decomisados más de 64,000 animales silvestres vivos. La mayor demanda viene del público que los compra para tenerlos como mascotas. De acuerdo con un reciente sondeo de Ipsos a escala nacional, un 14% de los encuestados reveló que tenían o han tenido algún animal silvestre como mascota y un porcentaje similar adquiriría uno.

Asimismo, un estudio de Serfor determinó que el 80% del comercio ilegal de especies se realiza en los mercados. Un estudio de WCS (2017) señala que la venta de animales vivos como mascotas se mantiene en 22 mercados tradicionales ubicados en Lima, Tumbes, Chiclayo, Loreto, Puno y Ucayali. Los principales puntos de acopio y venta son Iquitos, Pucallpa, Chiclayo y Yurimaguas, seguidos por Tingo María y Puerto Maldonado.

La cadena de tráfico somete a los animales a situaciones de gran crueldad. Sufren de estrés y las pésimas condiciones de transporte incluyen hacinamiento en jaulas, botellas o bolsas y sometimiento a temperaturas extremas; en algunos casos, para evitar que se defiendan o escapen, se les extraen los colmillos, se les mutilan las garras y las alas.

 

El índice de mortalidad, además, es muy alto. Por ejemplo, por cada mono vendido como mascota, otros nueve han muerto durante la cadena del tráfico ilegal.

Sin embargo, en el país se cuenta desde agosto del 2017 con la Estrategia Nacional para Reducir el Tráfico Ilegal de Fauna Silvestre en el Perú, período 2017-2027, y su Plan de Acción 2017-2022, elaborado en forma conjunta con más de 20 instituciones, la cual tiene como fin enfrentar el comercio ilícito de especies, considerada la segunda amenaza para la extinción de nuestra biodiversidad, después de la pérdida de hábitat.

El objetivo de esta estrategia es reducir en 50%, en los próximos 10 años, el número de mercados en los que se comercializa la fauna silvestre.

Para ello, el Ministerio de Agricultura y Riego, por medio del Serfor y Wildlife Conservation Society (WCS), junto con un grupo de organizaciones públicas y privadas, sostienen la campaña “Si compras, eres cómplice”, que tiene como propósito comprometer a la ciudadanía a no comprar animales silvestres. Si la demanda se acaba, este negocio ilícito terminaría y nuestra biodiversidad estaría a salvo.