Panorama Cajamarquino

La hermandad de los miserables

Nunca la palabra “hermano” estuvo tan degradada, nunca el “hermanito” tan venido a menos a raíz del conjunto de audios que involucran a jueces y fiscales, a congresistas y políticos de las más altas esferas.

Cada audio es una nueva sorpresa y todo va concatenado perfectamente, uno es la secuencia del otro y ese otro de uno anterior que ensamblados todos dan historias larguísimas que no dejan de sorprendernos e indignarnos, porque nunca imaginamos que tanta mafia nos gobernaba desde hacía años.

Años atrás cuando el gobierno de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos de cayó de bruces fue gracias a un audio que se filtró por una de las amantes de Montesinos (Matilde Pinchi Pinchi), ello significó la caída del régimen nefasto, pero quedaron las raíces y siguieron creciendo. En aquellos videos se apreciaba a un Vladimiro Montesinos locuaz y afectivo, su término más usado era el de “hermano”, para hacer que sus eventuales clientes entren en confianza y de hecho lo conseguía infaliblemente.

Cuando el “hermano” no le funcionaba muy bien usaba el término “hermanito” y congresistas, jueces y fiscales caían redonditos y se sometían a sus corruptas propuestas para cambiarse de bancada o dar fallos a favor de narcotraficantes y socios de ese gobierno corrupto.

Vladimiro Montesinos era un hombre persuasivo, ingenioso e inteligente. Manejaba la cruceta de los congresistas a su antojo y los hacía bailar al son que él quería, recordemos sino a muchos de ellos con los bracitos abiertos bailando “El baile del chino”, chino con CH.

Esa escuela ha sido muy bien aprendida por los actuales protagonistas de los audios de la vergüenza, las palabras “hermano” y “hermanito” son su muletilla mientras hacen los negocios para liberar a narcotraficantes, asesinos, violadores, tratantes de personas, para pedir favores y hasta para cerrar sus tratos en cebicherías o con sendos caldos de gallina.

“Hermano”, “hermanito… se oye decir en cada audio que se propala, cuando en realidad son socios, compinches, cómplices, coautores, secuaces, pillos, bribones, rufianes, trúhanes, traficantes… Han devaluado a la mínima expresión a una palabra tan noble y de tan profundo significado.

Tal vez se consideran una hermandad, por esa amistad íntima, unión de voluntades, aliados para delinquir, esa cofradía de quienes guardan varias cosas entre sí. Las mafias también son hermandades, aunque sean delictivas, aunque hayan conducido a un país al caos y la indignación y el repudio colectivo.