Panorama Cajamarquino

Los cerros tutelares de Cajamarca

La línea histórica que no vemos. 

Primera parte.

Por: Arqta. CARLA MARITZA DÍAZ GARCÍA

ANTECEDENTES

Empezamos el presente artículo haciéndonos una pregunta: ¿Con qué lugares del territorio identificamos a la historia prehispánica de Cajamarca? También la hicimos mediante una encuesta a 150 personas de diferentes lugares de la ciudad y sus alrededores, como parte de la tesis que de manera personal vengo realizando en la Maestría de Arquitectura, y obtuvimos las repuestas que era de esperar, encabezan esta lista Baños del Inca, Cumbemayo, Santa Apolonia, Ventanillas de Otuzco y Cuarto del Rescate, seguidas de otras con porcentajes muy bajos, entre las que encontramos incluso, en una evidente confusión, iglesias virreinales y casonas.

Al aprobarse y revisar el Plan de Desarrollo Urbano para Cajamarca 2016 al 2026 – PDU-, observamos que, dentro del ámbito del mismo, se identificó como zonas arqueológicas únicamente a la Colina de Santa Apolonia y a Huacaloma. Cabe mencionar que la Dirección de Cultura no fue convocada a los talleres para la elaboración del PDU, sino en dos ocasiones al inicio del proceso.  Contrastando el ámbito del PDU con el inventario de sitios arqueológicos elaborado por el Arqueólogo Rogger Ravines (Cajamarca Prehispánica – Inventario de monumentos arqueológicos), comprobamos la identificación de numerosos lugares, muchos de los cuales ya no existen, y de otros que si lo están, llamando nuestra atención los ubicados en los alrededores de la ciudad, los mismos que no han sido identificados como sitios arqueológicos dentro de esta herramienta de gestión territorial. Estos son: Cajamarcaorco, Shicuana, Huacariz San Martín, Huacariz San Antonio, Shudal, Carambayoc, Iscoconga B y parte de Callacpuma.

De la mano con esta constatación fue preocupante además, comprobar que a excepción de Iscoconga B y Cajamarcaorco, ninguno de estos sitios contaba con poligonal de delimitación, ni declaratoria de Patrimonio, herramientas fundamentales para su gestión, por lo que, en mi calidad de Directora de Cultura de Cajamarca, solicitamos a la Dirección de Arqueología del Ministerio de Cultura, área competente para hacerlo, se proceda a la elaboración de las poligonales. Estas fueron elaboradas y remitidas a la DDC cuando mi persona ya no estaba en la Dirección por lo que solicitamos, nos las proporcionen para la investigación que habíamos iniciado ya.

CERROS TUTELARES

Al insertarse las ubicaciones de los sitios arqueológicos en el plano de Cajamarca, se evidenció que estos fueron edificados en la cima y laderas de los cerros, sin perturbar áreas del valle, es más, su ubicación da la sensación de estar protegiendo al valle de Cajamarca, denotando el respeto que nuestros antepasados tuvieron por su entorno natural manifestándolo entre otros, en la ocupación responsable del suelo. Es necesario indicar que Iscoconga A no se encuentra dentro del ámbito del PDU, así como la totalidad del cerro Callacpuma, sin embargo, para efectos de la tesis se los ha incorporado en su integridad por considerar que constituyen una unidad paisajística. La figura adjunta muestra lo indicado.

De allí nace la denominación que mi persona le diera a estos cerros, como CERROS TUTELARES, en la connotación de protectores. En la tradición prehispánica peruana, así como en otras culturas del mundo, ciertos cerros, por sus características, de magnitud, de forma, de ubicación entre otras, han sido considerados cerros sagrados y su vínculo con ellos se ha prolongado hasta nuestros días a través de diversas expresiones que, para el caso de Perú, ponen de manifiesto el sincretismo entre la cosmovisión andina prehispánica y la cultura y religión que trajeron e impusieron los españoles y que a través de los tiempos ha dado como resultado, entre lo material e inmaterial de manera indisoluble, lo que como sociedad y personas somos en la actualidad.

Figura que muestra la ubicación de los CERROS TUTELARES en el valle de Cajamarca, junto a Santa Apolonia y Huacaloma. Se ha eliminado la ciudad para ver la ocupación del territorio en épocas prehispánicas.

Entonces, por qué CERROS TUTELARES:

Primero, y más importante, por su ubicación en relación al valle, lo protegen y se protegen ellos.

Segundo, denominarlos así, ayuda en la construcción de un sistema articulador dentro de la estructura de la ciudad.

Tercero, porque la denominación de tutelar, de protector, ayuda a generar un vínculo población – patrimonio arqueológico que va más allá de lo cultural, se vuelve afectivo y facilita el proceso de apropiación social del patrimonio cultural.

LA HISTORIA PREHISPÁNICA DE CAJAMARCA ¿EL PATRIMONIO QUE NO VEMOS?

El territorio de Cajamarca cuenta con evidencias de ocupación mayores a los 3000 años, de los cuales sólo cerca de 500 corresponden a la historia virreinal, republicana y contemporánea. Sin embargo, es evidente que las innumerables huellas dejadas por nuestros antepasados antes de la llegada de los españoles, no son vistas por la población ni valoradas como tales, y solemos asociar esta larga historia prehispánica a los lugares visibles por el turismo o por su conflictividad, Huacaloma para este último, las respuestas de la encuesta y la no inclusión de sitios arqueológicos en el PDU son una muestra de ello.

En este artículo no vamos a narrar esa larga historia, de la cual además, por ahora hay muy poca investigación, sino reflexionar acerca de una realidad que invisibiliza gran parte de nuestra historia como territorio, que no rescata esa rica y potencial línea histórica que tenemos, dando preponderancia al también importante, pero no único, patrimonio virreinal y republicano como si el 15 y 16 de noviembre de 1532 fuera donde todo empezó.

¿Podemos hablar con firmeza de mestizaje, de encuentro de dos mundos, si invisibilizamos a uno de ellos? ¿Al receptor, al de más larga duración, al que ha transformado con respeto a un duro territorio para el beneficio de su población?

Sin duda, tenemos una gran deuda con nosotros mismos, probablemente una de las razones de la discriminación presente en nuestra sociedad, se deba a este proceso de no valoración de lo que son una de nuestras raíces, la más potente no cabe duda, y de la que tenemos que aprender muchísimo en valores, en respeto a los recursos naturales, y en muchos otros aspectos, que nos ayudarían a una organización territorial y social más equitativa, armoniosa y sustentable.

Desde Cajamarca, lugar donde se dio este encuentro para unos, choque para otros, pero que marcó un giro total en nuestra historia, debemos y podemos empezar revirtiendo esa situación. Tenemos un compromiso como ciudadanos y como instituciones de generar ese necesario cambio, tenemos las evidencias en el territorio que nos permiten visibilizar esa línea histórica que debe continuar hacia el futuro con modernidad y contemporaneidad, pero también con identidad territorial. De hecho, sería un proceso de reivindicación y reconciliación que debemos iniciar de cara al Bicentenario, sin quedarnos en el resentimiento, sino aprovechando con responsabilidad lo que podemos aprender de ambos mundos y de lo bueno que al juntarnos también pudimos hacer. Como territorio venimos ganando experiencia, con el conocimiento de todas las etapas de nuestra historia, de todas, sabemos lo bueno y malo que hemos y estamos haciendo, seamos inteligentes en el aprendizaje, el territorio lo necesita.

La importancia del patrimonio cultural, y como parte de él del patrimonio arqueológico, ha sido reconocida en diversos ámbitos, por lo que los Objerivos de Desarrollo Sustentable y la Conferencia Hábitat III, los han incluido dentro de sus enfoques, esto también nos marca la ruta a seguir.

En la segunda parte de este artículo expondremos las propuestas para incorporar a los CERROS TUTELARES, con el patrimonio arqueológico que contienen, en las herramientas de planificación territorial, así como así como en la gestión integral del mismo.

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