Panorama Cajamarquino

LOS CERROS TUTELARES DE CAJAMARCA

La línea histórica que no vemos

Tercera parte

CARLA MARITZA DÍAZ GARCÍA

 

 

Por razones de espacio, la tercera parte de este artículo se publicó de manera inconclusa, por lo que se hace la indicación que la presente publicación es conformante de ésta.

Debe aclararse además, que por error en la edición, la nota correspondiente a la fotografía publicada fue colocada como parte del texto y no debajo de la fotografía, aparentando que el texto tiene como fuente el Diario El Comercio. Se aclara que el texto es formulado por mi persona y que se tomó dos fotografías del diario indicado haciéndose referencia a su fuente.

Continuando con el análisis entonces:

A nivel regional y local, las leyes Orgánicas de Gobiernos Regionales y Municipalidades, de manera muy general y en solitarios artículos, asignan a estas instituciones responsabilidades en relación a la protección, promoción para la declaración, colaboración para la defensa, identificación, registro, control, conservación y restauración del patrimonio cultural en coordinación con los organismos nacionales, regionales y locales competentes.

Las municipalidades tienen además, bajo su competencia el controlar la ocupación, uso del suelo y edificaciones informales y antirreglamentarias que se presenten dentro de su jurisdicción. Es importante resaltar este aspecto pues las edificaciones que se dan sobre los sitios arqueológicos materia de estos artículos no cuentan con licencia de construcción, por lo tanto, son pasibles de ser sancionados los responsables y demolidas las edificaciones. Igualmente, cabe señalar que a nivel local no se ha emitido ninguna ordenanza para motivar la preservación de los sitios arqueológicos en general.

De acuerdo al Reglamento de Acondicionamiento Territorial y Desarrollo Urbano, en las ciudades con poblaciones entre 20001 y 500000 habitantes, como la ciudad de Cajamarca, las municipalidades provinciales tienen la responsabilidad de la formulación, aprobación y ejecución de acciones del Plan de Desarrollo Urbano, preservando las áreas e inmuebles de valor histórico monumental.

En este contexto normativo, siendo aún bastante general, es claro ver que existen competencias compartidas para la protección del patrimonio arqueológico en todos los niveles de gobierno, siendo necesaria y obligatoria su articulación, así como la coordinación interinstitucional y multidisciplinar, para la mirada integral del territorio, en el cual existen múltiples actores.

En relación a este análisis legal tengo varios comentarios de los cuales expongo algunos:

Se hace necesario acercar el patrimonio arqueológico a la población y a todos los niveles de administración del territorio, estoy totalmente convencida que, aun existiendo un considerable cuerpo normativo en materia de patrimonio cultural, si no existe apropiación social del patrimonio, éste no podrá preservarse con un beneficio real para la población, la misma que debe ser su principal beneficiaria.

Debe revisarse el término de “intangible” en la normativa al referirse al carácter del patrimonio arqueológico. Lo intangible implica que no se puede tocar, por lo que considero que ese término, no se ajusta a la intervención arqueológica ya que la investigación, la restauración, la conservación implican tocar al patrimonio. Por otro lado, el término intangible, genera en la población una percepción de alejamiento, de mirar de lejos y es eso lo que debe revertirse.

El patrimonio cultural, y específicamente el arqueológico, se encuentra distribuido en todo el territorio, en los lugares más lejanos del mismo, lugares a los que el Ministerio de Cultura no puede llegar. Sin embargo, es necesario recordar que cada rincón de nuestro país pertenece a una unidad de administración, y por ende, de planificación territorial por parte del Estado, siendo ésta la municipal. Entonces las estrategias para la gestión del patrimonio arqueológico tienen que considerar la articulación nacional, regional y local en todos sus niveles de manera efectiva, no sólo declarativa. La asignación de responsabilidades a nivel regional y local debe ser más específica promoviéndose la descentralización de la gestión del patrimonio cultural.

Sabemos que la descentralización del Ministerio de Cultura aún no se ha dado como si se dio en otros sectores, y que esto se debe en parte, aunque no se lo diga muy abiertamente, a que es muy frecuente ver que los principales agresores del patrimonio cultural son los gobiernos regionales y los gobiernos municipales, pues al momento de planificar una obra, no interesa que se haga sobre el patrimonio destruyendo construcciones y caminos prehispánicos, pasando su maquinaria y arrasando con todo, y generalmente con el beneplácito de la población, prevaleciendo en muchos casos, el populismo y los intereses privados en desmedro del bien común. Sin duda, la descentralización se va a dar en algún momento, pero se tiene que trabajar desde ya, para que ésta se haga sin los fundados temores de que perderemos patrimonio cultural generado por las mismas instituciones que tienen la obligación de protegerlo.

Si desde el Ministerio de Cultura se promueve la descentralización de algunas competencias, pero sobre todo, se asigna responsabilidades específicas y claras que obliguen a los gobiernos regionales y locales en todos sus niveles, a incluir al patrimonio arqueológico dentro de sus herramientas de planificación pero, como se dijo en los primeros párrafos de esta primera parte, articulados a proyectos de desarrollo con visión integral insertados al sistema de inversiones del plan respectivo, la situación de riesgo en el que se encuentra nuestro patrimonio puede empezar a revertirse y puede empezar a aportar a la equidad y sostenibilidad territorial.

Esta situación tiene varias condicionantes, entre ellas, el fortalecimiento del Ministerio de Cultura desde el gobierno central, lo que debe llevar al fortalecimiento, con recursos humanos, económicos y logísticos de las ahora Direcciones Desconcentradas de Cultura, que permita contar con un área de Arqueología con el personal suficiente para atender no sólo CIRAs y PMAs, que son bastante importantes, sino que se genere proyectos de investigación, de saneamiento físico – legal, de  conservación, de difusión y divulgación, la actualización permanente del catastro arqueológico, entre otros, siendo más efectivo aun, que estos proyectos se generen de manera coordinada entre Direcciones de Cultura, Gobierno Regional y Gobierno Local, con aporte de la empresa privada y con el involucramiento de la población.

Así como existe en la Municipalidad una Sub Gerencia de Centro Histórico, considero debe existir una Sub Gerencia de Patrimonio Arqueológico, ambas dependientes de una Gerencia de Cultura y articuladas a la Gerencia de Desarrollo Territorial y que sea implementada con los recursos necesarios para que funcione de manera óptima. Igualmente, los arqueólogos, al igual que arquitectos, ingenieros y otros, deben ser personal obligatorio en las municipalidades. Si este modelo se replica en todos los niveles municipales, ayudará a la llegada del Estado a todos los sitios, incluso los más lejanos, en donde existen vestigios arqueológicos.

La ocupación del territorio y la vida en las ciudades son hechos que involucran conflictos, pero existen herramientas de gestión para minimizarlos, y es nuestra responsabilidad, desde el lugar donde nos toque desempeñarnos, construir esas herramientas y esos procesos junto a nuestras instituciones de manera colectiva, dejando de lado intereses particulares que exacerban los conflictos, y exigir y apoyar a nuestras autoridades su implementación. Lo expuesto no es fácil ni rápido, ni único, y sin duda debatible, pero es necesario iniciar ese debate, no sólo en círculos arqueológicos y académicos, sino desde la planificación territorial como disciplina interinstitucional, multidisciplinar y participativa, e iniciar ya un proceso de cambio para avanzar.

Me gustaría terminar esta tercera parte del artículo con unas preguntas hechas por el Doctor Miguel Laborde y que escuché en una conferencia vía internet y que me parecen muy apropiadas para nuestra realidad: “¿Nos estamos quedando desprovistos de pasado, y por tanto de futuro?, ¿Podemos crear un proyecto de futuro juntos? Ojalá la primera respuesta fuera un NO y la segunda fuera un SI.

 

 

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